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De eso se trata: del "todos a la paz" que queremos la
gente de bien frente al "todos a la guerra" que promueven
estos valedores del mal, gobernantes sin escrúpulos, por
mor de funestas causas económicas inconfesables. De decirles
a estos personajes que resulta una inmoralidad gobernar y disponer
de la vida y de la muerte ajena en contra de la opinión de
la sociedad que dicen representar democráticamente. En las
calles, nadie quiere la guerra con Irak y mucho menos los "lamentables
efectos colaterales" de enterrar 500 o 600 mil irakíes
en el desierto, -vidas humanas como tú y como yo, ¡ahí
es nada!-, la muerte de miles de niños y civiles inocentes,
o el reducir Bagdad y otras ciudades del Irak al nivel de la Edad
Media. Por mucho que se empecinen esos mercachifles de la palabra,
no existe ninguna justificación política que legitime
esa barbarie; y no digamos moral, ya que en este plano se trata
simplemente de un horrendo crimen de lesa humanidad que se pretende
perpetrar con alevosía y premeditación y, seguramente,
con nocturnidad por eso del mejor operativo de los aviones e ingenios
militares de la muerte.
En los medios de información consta que hasta hoy no existen
pruebas de las imputaciones a Irak, como también el criterio
anti-guerra de los famosos inspectores de la ONU, de los gobiernos
de muchos países sensibles a la voluntad de sus ciudadanos,
de científicos, intelectuales, del Papa, etc., que han dicho
no a este crimen masivo publicitado y anunciado en los últimos
meses.
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Frente a tantos argumentos morales y objetivos, se oponen los del
interés de la industria armamentista americana e internacional
en producir bombas y material de guerra para venderlo y hacer su
agosto; el de las petroleras para controlar el crudo de Irak, el
del gobierno americano que reivindica su dominio absoluto del mundo
en una especie de IV Reich, pasando del Derecho Internacional, el
de cuatro generales tecnócratas, asépticos trabajadores
de la muerte, y el de los atolondrados gobiernos gregarios que,
sin perspectiva histórica alguna y con aberrante condición
moral, le dan apoyo en contra de la opinión de sus pueblos
pensando sólo en sacar tajada política al apostar
a caballo ganador aun a costa de avergonzarnos al resto de los mortales
de pertenecer a su misma especie animal. Son estos Señores
de la Guerra, que decía Bob Dylan, a quienes Dios confunda,
-si existe-, los que por todo argumento nos piden una simplista
visión maniquea del mundo, de buenos y de malos; un religioso
acto de fe en su palabra; ¡Venga ya! Todos a la paz, que la
vida de cualquier niño de Irak, por humilde y miserable que
sea, vale tanto como la de cualquiera de estos prohombres del planeta.
Joan Martí (Gandia)
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