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EPISODIO II: Tres en una
Habiendo ya comentado dos de las finalistas al
Oscar a la mejor película: El Pianista y Las Dos Torres,
sería injusto no hacerlo con las otras tres, aunque ha
de ser de manera breve, pues la avalancha de estrenos de las
últimas semanas me impide realizar una valoración
más amplia. Así pues, comenzamos:
GANGS OF NEW YORK
Martin Scorsese | Nota: 3
EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN
No
es, ni mucho menos, el mejor trabajo del aclamado director neoyorquino,
aunque muestra, sin duda, una mayor ambición, un sentido
épico más elevado (lo que redunda, inexorablemente,
en una menor profundización) y un halo romántico
que la hace más asequible al gran público, más
próxima a los planteamientos del cine puramente comercial,
pese a no renunciar a la calidad que se presupone en toda obra
con cierto prestigio.
A su favor cuenta con una puesta en escena soberbia, un clima
de violencia desasosegante, sin apenas concesiones gratuitas,
el estar cimentada sobre acontecimientos históricos bien
documentados (salvando alguna que otra licencia de autor), así
como, muy especialmente, en el majestuoso recital interpretativo
del poco prolífico Daniel Day-Lewis, en la piel del sanguinario
cuchillero que da réplica a un correctísimo Leonardo
DiCaprio.
En su contra, en cambio, juega el excesivo recurso a la tópica
historia de amor como motor argumental de una trama que debería
sostenerse exclusivamente en la contundencia de los acontecimientos
políticos y sociales descritos, eso sí, con singular
trazo maestro por el ínclito Scorsese, un director del
que uno espera siempre más de lo que nos ofrece últimamente.
EN RESUMEN: Recomendable para amantes del cine superlativo.
Lo mejor: A parte de Day-Lewis, el desmoronamiento de
la idea de los Estados Unidos de Norteamérica como país
de acogida.
Lo peor: la descarada (y facilona) referencia final a
los acontecimientos del 11-S.
LAS HORAS (The Hours)
Stephen Daldry | Nota: 4
ELLECCIÓN VITAL
Un
soporte literario de lujo, un guión soberbiamente construido,
una realización modélica, donde la sobriedad no
está reñida con la modernidad, y una interpretaciones,
tanto femeninas como masculinas, que quitan el aliento. No hace
falta más ingredientes para elaborar este plato exquisito
que es Las Horas, obra casi maestra que, frente a quienes la
acusan de ser un relato deprimente y excesivamente intelectual,
constituye un auténtico ramalazo de vitalidad, de lo
que el concepto de vida conlleva, que no es sino la personal
e intransferible capacidad de elección del ser humano,
de su voluntad como único condicionamiento de su destino,
de la felicidad, o más bien su búsqueda, como
motor de nuestros actos.
No es, como algunos ha supuesto, una película para mujeres;
ni tan siquiera la catalogaría como una película
sobre mujeres, sino que la mujer, a través de la especial
relación que se establece entre escritora, obra y lector,
es el instrumento a través del cual se nos transmite
ese ideal de liberación que constituye la más
importante elección vital a la que estamos sometidos.
Lástima que este loable presupuesto se vea, muy a menudo,
lastrado por el excesivo carisma estelar que desprenden sus
tres actrices principales, incluso bajo toneladas de maquillaje,
como es el caso de una físicamente irreconocible Nicole
Kidman, que dificulta esa pretendida (o pretenciosa) vocación
minoritaria que se nos quiere vender.
EN RESUMEN: Recomendable para lectores compulsivos y
otros especimenes de biblioteca.
Lo mejor: Un Ed Harris en estado de gracia.
Lo peor: Que el presupuesto para maquillaje se gaste
en función del caché de los protagonistas.
CHICAGO
Rob Marshall | Nota: 5
ALL THAT JAZZ
Tras
la más que ingenua incursión en el musical que
supuso Moulin Rouge!, creía poco probable que este nuevo
intento de resucitar el género cambiara las cosas. Por
suerte, me he equivocado. Chicago, con sus virtudes y sus defectos
(pocos, para lo que ha sido habitual en anteriores propuestas),
recupera el musical a lo grande, contando con la ventaja que
supone el libreto teatral de Bob Fosse, así como el hecho
de que las canciones fueran en su día escritas para la
obra, no teniendo que recurrir a funestos refritos de éxitos
populares.
El gran hallazgo de Chicago consiste en que los números
musicales, espléndidos todos ellos, transcurren simultáneamente
a la trama, complementándola con una visión más
imaginativa, que no más profunda, de los acontecimientos
(reales) que se nos describe, rompiendo lo que ha sido la máxima
del cine musical clásico: la utilización de las
canciones como forma de enfatizar sensaciones y sentimientos
de los protagonistas. Esta ruptura, que algunos no han dudado
en criticar severamente, aporta personalidad propia al film,
pues permite que la historia, para nada compleja, transcurra
con una ligereza inhabitual, carente de innecesarios tiempos
muertos musicados que distraigan nuestra atención a lo
esencial.
Puede que, como se ha dicho en más de una ocasión,
toda esta brillantez no sea más que una calculada estratagema
para acaparar premios, que la película carezca de alma
(esto, a mi juicio, es más que discutible), pero hay
que reconocer que cuando la maquinaria se pone en marcha, lo
único que podemos hacer es chasquear los dedos y seguir
el ritmo con los pies. ¡¡¡Y cuánto
disfrutamos haciéndolo, ¿verdad?!!!
EN RESUMEN: Para espectadores sin falsos complejos.
Lo mejor: El número del ventrílocuo, tremendamente
descriptivo.
Lo peor: El excesivo frenesí en la planificación
de los números musicales, aunque sin llegar a los irritantes
resultados de la anteriormente mencionada Moulin Rouge!.
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