SIN CITY
Robert Rodríguez, Frank Miller y Quentin Tarantino
Nota: * * *
CELULOIDE Y VIÑETAS
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Uno de lo mayores errores a la hora de adaptar a la gran pantalla
cualquier
cómic es tratar de imitar su particular lenguaje visual.
A nadie se le ocurriría
hacer una versión cinematográfica de Las Meninas usando
el lenguaje pictórico,
¿verdad? Hay que empezar a darse cuenta de que el arte secuencial
posee una
identidad propia al margen del cine, que este último debe
usar su propio
lenguaje, fruto de más de cien años de experiencia.
Hay que decir, sin embargo, que Sin City, en lo que a experimento
estético se refiere, casi consigue su objetivo, situándose
a años luz por encima de otras frustradas intentonas, como
la de Warren Beaty en Dick Tracy. El uso del blanco y negro, roto
ocasionalmente por algún punto de color, las imágenes
en negativo (la sangre que brota de color blanco), los planos imposibles,
el acertadísimo uso del maquillaje, sin duda, confieren un
carácter novedoso a esta adaptación, pero si examinamos
profundamente el contenido, vemos que, aún tratando de ser
lo más fiel posible al espíritu de la obra (no en
vano, uno de sus directores, Frank Miller, es el autor del original),
a la hora de transponer la narración episódica, el
guión falla, a la hora de retratar
el paisaje, la atmósfera corrompida de los bajos fondos,
la historia no funciona, y a la hora de describir los personajes
que la habitan, la película no profundiza lo suficiente.
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De poco vale esa pretendida estructura
circular del relato (el comienzo, a modo de prólogo, que
no alcanza su verdadero significado
hasta el correspondiente epílogo, al más puro estilo
Pulp Fiction) ni la
superposición concéntrica de los episodios, cuando
debajo de esa compleja
construcción fallan los cimientos que han de sostenerla.
Así, lo que en papel pudo considerarse en su día como
un honesto intento
de renovación del género negro, en celuloide no pasa
de ser un interesante
ejercicio de estilo o una mera demostración de talento, que
no es poco, pero
no es suficiente.
EN RESUMEN
Un divertido juego de engarce para amantes del tebeo con aspiraciones.
Lo mejor: el episodio protagonizado por Mickey Rourke, en especial
su particular
duelo con otra antigua estrella recuperada para la ocasión:
el siempre inquietante
Rutger Hauer.
Lo peor: demasiada violencia para tan poca reflexión.
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