LA GUERRA DE LAS GALAXIAS: EPISODIO III LA VENGANZA
DE LOS SITH (Star Wars:
Episode III Revenge Of The Sith)
George Lucas
Nota: * * * *
COMIENZA LA LEYENDA
Se cierra el círculo de la saga más triunfal del
Séptimo Arte (con permiso
de El Señor de los Anillos y, por supuesto, El Padrino) y
lo hace recuperando
en gran parte el espíritu y hasta la estética de aquella
mítica primera trilogía
que, para lo bueno y para lo malo, supuso un antes y un después
en la todavía
corta historia del cine.
En efecto, si bien no alcanza, ni de lejos, la calidad del cuarto
(que algún
crítico, acertadamente, bautizó como la primera película
de serie B de alto
presupuesto) y, sobre todo, del quinto, este último y, al
parecer, definitivo
episodio sí me atrevería a decir que está a
la altura de El Retorno del Jedi,
No sólo eso, sino que podría decirse que La Venganza
de los Sith no es sino
una especie de reverso tenebroso de aquella, pues en una se nos
narra la
redención de un ángel caído, como era Darth
Vader, mientras que en esta que
ahora se estrena se nos cuenta, precisamente la caída en
el lado oscuro del
aspirante a Jedi, Anakin Skywalker. Así pues, quienes pensamos
en su día
que el verdadero protagonista de la saga galáctica no era
el insulso Luke,
sino el temible caballero de armadura negra, estábamos en
lo cierto. Esta
nueva trilogía, aunque tarde para algunos, nos ha dado la
razón. Más discutible
es la forma en que nos ha sido dada, pues, pese a que George Lucas
ha realizado
un tremendo esfuerzo para que todas las piezas, incluso las más
insignificantes,
encajaran a la perfección, todavía quedan algunos
pequeños cabos sueltos,
como el destino final de la bella Padme Amidala, que no coincide
exactamente
con la versión que se nos cuenta en El Retorno del Jedi,
o la preocupante
amnesia, tal vez producto del Alzheimer, de Obi-Wan Kenobi respecto
de ciertos
hechos ahora revelados.
Mayor polémica ha suscitado la motivación de la caída
en desgracia de Anakin,
no sólo por su progresión dramática (excesivamente
lenta en los episodios
primero y segundo, apresurada en demasía en este tercer episodio),
sino por
el factor, la raíz desencadenante de la misma. Lo que empieza
siendo un hábil
ejercicio de pedagogía política (el riesgo de que
los regímenes democráticos,
ante la amenaza real o ficticia de algún enemigo interno
o externo, deriven
en dictaduras) termina deslizándose hacia los peligrosos
fangos de la tragedia
griega, terreno en el que resulta evidente que George Lucas no camina
con
muy buen pie, Los sueños agoreros de Anakin no parecen argumento
suficiente
para tan desmedida reacción por su parte; otra cosa es que
por medio hubiesen
terciado los celos o que se hubiese incidido más en la imposibilidad
de la
relación entre la senadora y el monje, lo que hubiese aportado
un cierto
toque shakespeariano muy de agradecer. |
En el tema del reparto no voy a entrar
muy a fondo, pues podría sublevarme
y llegar a decir cosas que no querría, por decencia y por
decoro, pero lo
de Hayden Christensen en el papel de Anakin o lo de Ewan McGregor
en el de
Obi-Wan clama al cielo, por decir algo suave. Hasta tal punto es
débil la
película, en este aspecto, que el personaje más creíble
resulta ser Yoda,
para el que se han utilizado los últimos avances en animación
3D, con resultados,
en cuanto a realismo y expresividad, sólo al alcance del
Gollum de El Señor
de los Anillos. Pese a ello, me sigo quedando con la marioneta de
látex de
El Imperio Contraataca.
Mucho más acertado, incluso rozando lo sublime, resulta el
tono, más que
sombrío, oscuro, casi tétrico (incluso la fotografía
aparece más contrastada
e infinitamente menos naif que en los dos episodios anteriores),
del film,
así como la concreción de ciertas escenas largamente
esperadas e imaginadas
por los fanáticos de la saga, como la del metódico
y cobarde exterminio de
lo Jedi (muy en la línea de la aniquilación de los
Caballeros Templarios
en la Edad Media, o de la persecución de los Samurai por
el Emperador de
Japón,
a finales del siglo XIX) o la postrera transformación física
del maltrecho
Anakin/Vader en el poderoso híbrido de respiración
profunda que recordábamos
de la vieja saga. Acierto también en las apariciones estelares,
a modo de
guiño al espectador más freaky, de Chewbacca y, sobre
todo, de Luke y Leia
(a quien, de paso, se homenajea en los singulares tocados tanto
de Amidala
como de las mujeres de Alderaan) con un plano final en Tatooine
que enlaza
perfectamente con otro muy similar del episodio IV. Lamentar, en
cambio,
la ausencia de Han Solo (auténtico personaje imán
de la anterior trilogía),
cuya trayectoria, que hubiese dado, sin duda, para otra saga, queda
como
una cuenta pendiente en el expediente de Lucas. Pero ya te la cobraremos,
amigo, ya te la cobraremos?.
EN RESUMEN
La constatación de la definitiva reconciliación de
George Lucas con sus espectadores
más críticos. Un más que brillante colofón
a una saga que quizás no debiera
haber sido retomada con esta nueva y, a mi juicio, innecesaria trilogía,
pero esa es otra historia?
Lo mejor: la frialdad fascista con la que los clones ejecutan la
ya mítica
Orden 66 y el comentario de Amidala respecto al estruendoso aplauso
con el
que se da por finiquitada la democracia.
Lo peor: la mirada de villano de manga japonés de Anakin
pasándose al lado
oscuro y la voz de niña del exorcista (cosa del doblaje,
quizás) del Canciller
Palpatine al revelar su verdadera personalidad.
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