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Crónicas publicadas por Hugo Flores

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Calificación: Mala * Regular * * Buena * * * Muy buena * * * * Excelente * * * * *

BOWLING FOR COLUMBINE * * * * *

UN DÍA CUALQUIERA, EN AMÉRICA...

Provocativa, mordaz, políticamente incorrecta, sin concesiones..., los calificativos se agotan a la hora de valorar la que, desde mi punto de vista, cabe considerar como absoluta obra maestra del cine documental y una de las películas más sobresalientes de la presente temporada.

Reciente ganadora del Oscar al mejor largometraje de no-ficción, el título hace referencia a la matanza de estudiantes perpetrada por dos adolescentes en un instituto de Columbine (Colorado), allá por el año 1999, y que tuvo una fuerte repercusión, no sólo mediática, sino también política, coincidiendo con la operación militar de la OTAN en Kosovo, utilizada ˆsegún las malas lenguas- para desviar la atención de los serios problemas de índole muy personal del entonces presidente de los Estados Unidos: Bill Clinton.

A partir de este lamentable suceso, el director, actor, productor y guionista Michael Moore, máximo exponente de la intelectualidad norteamericana más inconformista y crítica con el sistema, trata de buscar las causas de la continua escalada de violencia, aparentemente sin sentido, que ha llevado a su país, primera potencia económica y militar de la Tierra, a ocupar puestos de cabeza en número de asesinatos cometidos con arma de fuego. Lo hace de una manera abigarrada, combinando formatos (incluido dibujos animados), sin renunciar al sentido del humor, alternando experiencias personales, en las que se nos muestra al Moore más demoledor (y más egocéntrico, todo hay que decirlo), con pequeños interludios explicativos, en los que el director se apoya para adoctrinar al espectador en sus teorías. El resultado, más que convincente, resulta contundente.

En primer lugar, el film analiza el desmesurado fervor de los estadounidenses por las armas, como posible explicación del problema (el episodio de la entidad bancaria donde, por abrirte una cuenta, te regalan un arma de fuego de las cientos expuestas en sus estanterías, es de lo más descriptivo), aunque es el propio director (paradójicamente, socio nato de la siniestra Asociación Nacional del Rifle) quien se encarga de desmontar un argumento tan simplista, al comparar las cifras de venta de armas en EE.UU. con las de Canadá, uno de los países con menor índice de criminalidad, pero donde apenas existe control a la susodicha venta. No es la única comparación que efectúa Michael Moore entre la superpotencia yanqui y su vecino del norte.

Analizando otros supuestos factores causales: económicos (desigualdades sociales), raciales (la diversidad étnica como dinamizador de tensiones), culturales (la fascinación de los más jóvenes por el rock ˆasí llamado- satánico, la proliferación de películas, programas de televisión y videojuegos donde se exalta la violencia más gratuita), educativos (el cada vez menor peso específico de profesores y padres en la educación de los niños) o mediáticos (la política de las grandes cadenas periodísticas y televisivas, explotando argumentos luctuosos como motor de consumo); todos ellos se estrellan contra la realidad de un país de características similares a los Estados Unidos, pero que ha sido capaz de estructurar un modelo de convivencia mucho más próximo al de las democracias europeas, que al de su todopoderoso vecino.

La explicación de Michael Moore sobre lo que ocurre en su país viene por otro lado: El MIEDO. Miedo con mayúsculas, miedo heredado del fanatismo religioso de los pioneros, miedo como generador de odio y, por ende, de violencia, miedo como acicate para el consumo, como máxima expresión del individualismo más exacerbado, un individualismo que es pieza fundamental en el engranaje de un sistema sostenido sobre los pilares de la economía de mercado y la competitividad extrema; miedo como justificación de lo injustificable: amenazas ficticias, respuestas desproporcionadas, ¡la guerra!; ¿les suena esto?. Miedo, en definitiva, promovido, alentado desde las estructuras de poder de aquel país, como estrategia, quizás, para recortar derechos y libertades (las mismas que dicen defender), un modelo fácilmente exportable (como, desgraciadamente, comenzamos a notar aquí, en España), pues ayuda a perpetuar formas de gobernar, aquellas que responden a determinados intereses, sobre todo, empresariales.

El argumento, pues, parece claro: quienes propugnan la violencia como recurso factible para la solución de problemas, deberían pensar muy en serio en el mensaje que se está enviando a la sociedad y, en especial, a las nuevas generaciones, pues estas pueden llegar a pensar (y los ejemplos cunden) que todo vale para conseguir sus objetivos, tengan, o no, importancia, racionalizando la violencia en aras a un supuesto bienestar propio, aquí o en la otra vida. AMEN.

EN RESUMEN:
Altamente recomendable para espíritus críticos que no excluyan la diversión.
Lo mejor: el corto de Trey Parker y Matt Stone (creadores de South Park) sobre la historia de los Estados Unidos y la entrevista final entre Michael Moore y un Charlton Heston, por entonces presidente de la antes mencionada Asociación Nacional del Rifle, dejando en evidencia su particular talante ultra conservador.
Lo peor: el, a veces, excesivo protagonismo que el director se concede a sí mismo, apareciendo en la casi práctica totalidad de las secuencias.

Dedicado a los alumnos de Comunicación Audiovisual de la EPSG; en especial, a Maya y Juancho.

Sección moderada por Hugo Flores


 



 

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